La inspección de una eslinga es un paso esencial para garantizar la seguridad en cada maniobra de izaje. Se recomienda realizar una revisión visual y táctil antes de cada uso, siguiendo estos puntos clave:
- Revisar que la etiqueta de identificación esté legible y que indique la CMU/WLL.
- Comprobar si hay cortes, deshilachados, quemaduras, desgaste o zonas endurecidas en la cinta o cuerda.
- Buscar manchas químicas o decoloración que indiquen daño por exposición a sustancias.
- Verificar que las costuras no estén abiertas o deterioradas.
- Revisar que los eslabones no estén deformados, agrietados o alargados.
- Confirmar que los ganchos y accesorios cierren correctamente y no tengan desgaste excesivo.
- Comprobar que no haya corrosión profunda o signos de fatiga en el metal.
- Medir el alargamiento de eslabones, ya que un estiramiento anormal indica daño estructural.
- Inspeccionar que las varillas y barras de unión estén íntegras.
- Buscar signos de aplastamiento, corrosión o soldaduras rotas.
- Verificar la alineación de la malla, evitando deformaciones que reduzcan la resistencia.
Recomendaciones generales:
- Nunca usar una eslinga con daños visibles.
- Retirar de servicio cualquier eslinga que no cumpla con los criterios de seguridad.
- Llevar un registro de inspecciones periódicas conforme a la normativa aplicable.
Una inspección adecuada reduce drásticamente el riesgo de accidentes y prolonga la vida útil de la eslinga. Recuerda: si hay duda, no la uses.